dimecres, 12 de setembre del 2007

Presentacnió de Romedahl

Breve aproximación a Romedahl, la Isla.
Desde su fundación, la Isla fue ambiciosa en sus propósitos. Por lo que cuentan las crónicas, de dudosa credibilidad, su Fundador (cuyo nombre se ha perdido en los anales) llegó a Romedahl [bautizada así por la célebre poeta y activista, Gladys Romedahl] huyendo de la incultura, misticismo y barbarie que se cernían sobre un imperio en decadencia.

El Fundador organizó una pequeña sociedad tribal, la Isla, con el propósito de atesorar las artes y las ciencias en el Mundo, heridas de muerte por doquier. Este pequeño reducto consiguió sobrevivir, contra todo pronóstico, a las hordas salvajes que durante tantos miles de años plagaron la Tierra, y con el paso del tiempo, el árbol dio su fruto, dando paso a una Edad Dorada del Saber en la Isla que parece no tener fin, al menos hasta ahora…



Se cree que el Fundador pretendió, con su obra, contribuir a la evolución humana mediante la creación sobrehumana de una única conciencia universal en la Isla. Si bien nunca se ha conseguido tal utopía en Romedahl, lo cierto es que, gracias a la educación y la perseverancia, el orgullo y la envidia nunca han poblado aquí, pues todo ciudadano entiende su papel, único en la Isla, así como el de todos sus compañeros, hermanos en este incierto viaje. Se podria decir, con justicia, que se han sobrepasado las expectativas que un dia, el filósofo Nietzsche puso en el Superhombre.



Mención aparte merecen las relaciones con otros pueblos, pues los habitantes, fruto de la herencia de sus antepasados, son recelosos y desconfiados, y es difícil para los forasteros entender el orden vital que impera en la Isla. Pues en Romedahl no existe el amor carnal o la amistad particular, ni las relaciones de pareja, y las religiones extranjeras o las faltas de ortografía son para nosotros, amantes del HOMBRE, un claro símbolo de la herencia animal de nuestros vecinos, pues nuestros nuevos habitantes, compañeros, nacen y crecen en las Academias del Saber, en época de buenas cosechas.



Aunque para Romedahl todos sus habitantes son igual de importantes, es para mi un placer realizar un acto de abstracción y enunciar, a continuación, aquellos personajes que para los foráneos pueden parecer de mayor relevancia:



*Octavio Augusto: Máximo dirigente en Romedahl, pues tiene nombre de emperador. Su principal tarea es la gestionar y coordinar la suma de esfuerzos de la Isla. Sus aciertos son muchos. Como sus predecesores, fue engendrado a partir de la simiente del Fundador.

Sabio, bravo y gentil, en su éxito radica el porvenir de Romedahl.



*C.F. Gauss: Máxima figura científica en la Isla, pues tiene nombre de matemático. El Saber, también científico, es el bien más preciado en la Isla. Su misión es clara para nosotros, mas no para los extranjeros, y así debe ser.

Sabio, bravo y gentil, en su éxito radica el porvenir de Romedahl.



*Hannah Arendt: Máximo figura cultural, pues tiene nombre de filósofo. El Saber, también artístico-cultural, es el bien más preciado en la Isla. Su misión es clara para nosotros, mas no para los extranjeros, y así debe ser.

Sabio, bravo y gentil, en su éxito radica el porvenir de Romedahl.





*Karl Marx: Máximo dirigente financiero, pues tiene nombre de economista. Aun el Superhombre debe abastecerse como si de animal se tratase, y la Isla tiene presente que, sin los recursos necesarios, es gigante con pies de barro.

Sabio, bravo y gentil, en su éxito radica el porvenir de Romedahl



*Excelso Germánico: Máximo dirigente militar, pues tiene nombre de general. La Isla tuvo que aprender a defender su Saber, cuando la diplomacia no era suficiente, pues en este Mundo, hasta los bárbaros son poderosos. Es un gran estratega.

Sabio, bravo y gentil, en su éxito radica el porvenir de Romedahl.




Entenderán que, por cuestiones de seguridad y protección, no pueda extenderme en mayor medida acerca de nuestra sociedad, celosa, no sin motivo, de sus secretos y virtudes, aunque humilde, dispuesta siempre a aprender de los errores, ajenos y propios (si los hay) en su itinerante camino a la perfección.